La caducidad de las articulaciones | Serie Articulaciones
Carbonilla sobre papel
Obra no disponible. En colección privada
"La caducidad de las articulaciones" es una de las obras más viscerales, honestas y autobiográficas de Vero Eymann. Lejos de la especulación abstracta, esta poderosa pieza en carbonilla sobre papel nace directamente del cuerpo de la artista, convirtiéndose en una bitácora visual de la vulnerabilidad biológica, el dolor físico y la resiliencia médica.
La Rodilla como Lienzo: El Dolor y el Rescate
El origen de la obra está íntimamente ligado a la historia clínica de la propia Vero y a su relación con su rodilla derecha. Hace unos quince años, cuando el tratamiento de Plasma Rico en Plaquetas (PRP) era aún una alternativa médica experimental y poco conocida, la artista apostó por este procedimiento vanguardista de infiltraciones para evitar una intervención quirúrgica mayor. Dos años atrás, ante el regreso de un dolor peligrosamente similar, Vero volvió a ponerse en manos del mismo médico traumatólogo que años antes la había salvado, repitiendo el tratamiento. De ese reencuentro con el desgaste de sus propios tejidos y la esperanza de la regeneración celular, brotó la urgencia de crear esta serie.
La Carbonilla como Metáfora del Desgaste
La técnica elegida no podría ser más precisa: la carbonilla, con su cualidad volátil, polvorienta y finita, emula a la perfección el desgaste natural del cartílago y la fragilidad de los engranajes óseos que nos sostienen. A través de trazos expresivos y dramáticos contrastes de luces y sombras, Eymann no busca una representación anatómica perfecta de manual médico, sino capturar la sensación interna de la articulación: la fricción, la tensión, el paso del tiempo y la intervención que busca restaurar el movimiento.
Un Testimonio Corporal en Manos Privadas
Debido a su innegable fuerza expresiva y a la verdad que emana de cada línea, la obra ha pasado a formar parte de una colección privada, dejando de estar disponible en el mercado. "La caducidad de las articulaciones" permanece como un testimonio fundamental en la carrera de Vero Eymann, demostrando que su arte no solo se nutre de los sueños, la niñez o los paisajes venecianos, sino también de la noble y descarnada materia biológica que habita, sufre y sana
